El
cardiólogo uruguayo recomienda tomar un
café con uno mismo Foto: Augusto Fulan
"Con su permiso. ¿Puedo preguntarle cuándo
fue la última vez que se sentó a tomar un
café con usted mismo para preguntarse cómo
le está yendo en la vida, si es feliz o se
siente frustrado? Y en este caso, ¿por qué
no es feliz?", pregunta el doctor Walter
Dresel.
"Le hago está pregunta porque me la hice en
una etapa de la vida y fue el comienzo de un
cambio profundo para ser más feliz. Entre
otras cosas, me llevó a escribir. Lo ideal
sería realizar ese encuentro periódicamente,
al margen de si nos sentimos felices o no.
Pero acostumbramos a tomar ese café cuando
pasamos por una crisis personal", agrega.
Dresel nació en Montevideo, es médico
cardiólogo y estudió en la Universidad de la
República Oriental del Uruguay.
Posteriormente, estudió homeopatía en Buenos
Aires. Es autor de varios libros. El último,
El espejo del alma; un encuentro con lo
mejor de nosotros mismos , fue
presentado días atrás en una librería de
Palermo Viejo. Suele decir que los mayores
logros en la carrera de médico en los
últimos quince años no los obtuvo recetando,
sino escuchando a sus pacientes.
-¿Qué significa
tomar un café con uno mismo?
-Reflexionar, ése es el núcleo de toda mi
obra. Sincerarnos, tener el coraje de mirar
las cosas como son. Comprendo que no es
fácil; sin embargo, a medida que vamos
escarbando, la verdad aparece, con nuestras
limitaciones y muchas posibilidades y
capacidades para lograr lo que buscamos. En
mis libros nunca propongo soluciones mágicas
ni reglas universales porque cada ser humano
es un mundo aparte. Todo lo que puedo hacer
es mostrar las herramientas que cada uno
deberá usar de acuerdo con su personalidad.
Cuando digo estas cosas evoco los antiguos
talleres, que en una de sus paredes tenían
un gran tablero de madera del que colgaban
las herramientas de trabajo. Los operarios
iban y las tomaban según el problema que
tenían que resolver. Una cosa que recuerdo a
mis pacientes y a los lectores de mis libros
es que la vida, salvo en el caso de la
muerte, siempre nos da otra oportunidad. Y
que todas las soluciones están dentro de
nosotros, sólo hay que hurgar con
profundidad.
-¿Cómo sería ese
sinceramiento conmigo mismo?
-Creo que hay cuatro preguntas que debemos
hacernos y responderlas con coraje y
compromiso. La primera es: ¿qué queremos
para nuestra vida? Después, ¿qué es lo que
no queremos? La tercera, ¿qué precio estamos
dispuestos a pagar para hacer realidad
nuestros sueños? ¿Cuál es nuestro
compromiso? Esta es particularmente
importante, porque si no hay compromiso todo
lo que imaginamos estará condenado al
fracaso. Y la cuarta: ¿qué necesito para
sentirme bien?
-¿Cuál sería el
siguiente paso?
-Pasar a la acción, romper la inercia, un
paso realmente difícil porque allí se juega
todo. Diseñar un programa de vida, lo que no
significa imaginar un proyecto para los
próximos diez años. Comencemos por algo
mucho más simple, pensemos cuánto falta para
que termine el año. Estamos en la segunda
mitad de septiembre, esto significa tres
meses y unos diez días. Bien, propongámonos
dos o tres metas realizables para este
tiempo. Y, luego, vayamos pensando metas
para la primera mitad del año próximo.
Entonces, cuando levantemos la copa para
brindar por el nuevo año veremos un
horizonte cargado de posibilidades, con
desafíos para crear, trabajar, realizarnos,
ser más felices. Un horizonte donde ningún
día será igual al anterior.
-¿Qué lo llevó a
escribir?
- Durante 19 años tuve un programa radial,
Buen día salud, donde comencé a darme
cuenta de la importancia de los factores
emocionales en las patologías, por las
consultas que hacían los oyentes. ¿Cuál era
en realidad el origen de una hipertensión o
de una artrosis de cadera, por ejemplo? Poco
después, se produjo una profunda crisis
económica, que se inició en Brasil, siguió
en la Argentina y llegó finalmente a
Uruguay, donde alcanzó el pico más alto en
2002. Llegaban a mi consultorio ejecutivos
de 50 años, con cargos altos, que de pronto
se encontraban sin trabajo ni posibilidades
de reinsertarse en el mercado laboral.
Decidí que tenía que hacer algo para llegar
a la gente y empecé a escribir. No tenía
mucha experiencia, pero me propuse escribir
como hablaba, de manera sencilla, sin
tecnicismos. Me di cuenta de que había
elegido bien el camino, por el éxito de mi
primer libro, El lado profundo de la vida
. El segundo fue precisamente Toma un
café contigo mismo.
-¿Alguna
advertencia final?
-Sí, recordar que el mundo no se divide
entre exitosos y fracasados, sino entre los
que aprenden y los que no aprenden. Pero
hemos sido criados en la cultura del temor
al fracaso sin entender que al éxito se
llega a través de las lecciones que
aprendemos de nuestros fracasos, de nuestras
experiencias. Raramente, las cosas se dan de
otra manera.
Luis Aubele